Elemento Inestable

E L E M E N T O  I N E S T A B L E
memoria - recuerdo - olvido



Entropía  (ἐντροπία) ; evolución - transformación
Entropía tendencia natural de la pérdida del orden: grado de desorden que poseen las moléculas que integran un cuerpo, o también el grado de irreversibilidad alcanzada después de un proceso que implique transformación de energía.

Este proyecto devino de  un largo proceso de profunda transformación y cambio. En donde los sentimientos de desarraigo, desubicación y pérdida se confrontaban con los deseos y expectativas cercanas. Marcado por un hecho concreto no deja de ser una confluencia con todos mi anteriores proyectos, los cuales forman un fresco continuo marcado por conceptos obsesivos. La catalogación nominal y la división fragmentaria de mi trabajo no deja de ser una forma de ordenamiento del mismo. Acotar para ordenar.

Elemento Inestable es la suma de un proceso de introspección. Una evolución desde mis inicios con la pintura y todo el desarrollo e investigación posterior con  los diferentes medios expresivos y plásticos, que han ido aportando acercamiento dentro de la búsqueda de mi propio lenguaje.

La identidad como conocimiento y consciencia de uno mismo, el tiempo como proceso de transformación, cambio, evolución, aprendizaje, dolor y decadencia. Múltiples aristas que forman el juego de espejos que definen la visión fragmentaria de una imagen, la propia imagen tanto en su externalización y enfrentamiento con las otras imágenes y el entorno, así como las múltiples visiones que genera la propia percepción. El saberse inmerso en una deriva caótica que se intenta ordenar y comprender.

El desarrollo del proyecto ha sido una larga deriva en continuo cambio dentro del proceso de trabajo, hasta  confluir en la realización de una serie de elementos que configuran la conceptualización plástica de la idea. El proyecto está compuesto por una instalación realizada con objetos habituales en algunos de mis otros trabajos, piezas recurrentes por su significado definitorio de mi ideario conceptual, varias piezas de vídeo y una serie fotográfica.

Memoria, tiempo y olvido
elementos transversales en la construcción de identidad

 Aura Camila Lema Tasamá
Laura Isabel Muñoz Bravo
Daniela Isabel Ramírez Rojas

 Noción de identidad individual

Para Stuart Hall la identificación es un estado en construcción nunca terminado, siempre en proceso, porque a lo largo de dicha construcción y reconocimiento se pueden adquirir o perder aspectos de una identidad en producción (Hall, 2004: 16). Además, la fragmentación de la identidad en muchos “yos” va de la mano con los discursos que atraviesan al individuo; es decir, la enunciación que construye cada persona de sí y/o la que construyen los demás depende de la posición enunciativa específica en la que el individuo se construye; lo que no es otra cosa que introducir el discurso como parte de la representación del sujeto. De ahí que la fragmentación del yo sea subjetiva y por lo tanto su construcción a partir del discurso también lo sea.

Pese a las múltiples fragmentaciones identitarias que puede experimentar un individuo, éste sigue teniendo, desde nuestra interpretación, una pretensión de continuidad identitaria que se mantiene a pesar de las situaciones en las que se encuentre. En este sentido para la reafirmación del yo es importante la figura del otro, porque al ser consciente de las diferencias que los separan, el individuo logra confirmar lo que cree que es. A medida que reconoce lo que su alter es, se reconoce a sí mismo por lo que no es.

El individuo, aunque sea uno en apariencia, constantemente se trasforma. Sin embargo, estos cambios no son definitivos pues el sujeto siempre está en movimiento. Tal multiplicidad de “personalidades” se adapta y transforma al espacio y/o entorno donde el individuo se encuentra. El movimiento que se presenta del yo a los distintos yos, va más allá de lo corporal dado que remite a los cambios que el sujeto experimenta con el transcurso del tiempo, un tiempo que no es sólo el que marca el reloj, sino que está determinado por las subjetividades de los individuos –entendidas como las percepciones temporales que el sujeto experimenta según el contexto en que se encuentre– frente a las vivencias cotidianas.

 Noción de tiempo

Para Elliott Jaques la percepción del tiempo es única para cada persona. En su libro La forma del tiempo plantea que “No hay dos hombres que viviendo al mismo tiempo, vivan en el mismo tiempo” (Jaques, 1984: 25), lo que evidencia que el problema del paso del tiempo radica en la diferencia tangencial entre la percepción humana y el tiempo marcado por el reloj. En la primera, la percepción de presente, pasado y futuro varía según el individuo; es decir, cada uno de los que vive simultáneamente tiene su propia perspectiva del tiempo porque, según afirma Jaques, así como cada uno se diferencia por su aspecto físico o sus impresiones digitales, así mismo vive su propio tiempo (Jaques, 1984: 25). Por otro lado, el tiempo del reloj es el mismo para todos, no otorga excepciones ni permite diferencias. Marca cada segundo, minuto y hora por igual.

Por el contrario, la tesis de San Agustín acerca de la inmediatez del tiempo reafirma el hecho de considerarlo exclusivo de la mente: “Ni el futuro ni el pasado existen y […] no es rigurosamente correcto afirmar que existen tres tiempos: un presente de cosas pasadas, un presente de cosas presentes y un presente de cosas futuras. Esos tiempos existen en la mente, pero que yo alcance a saberlo, en ninguna otra parte” (Jaques, 1984: 27). San Agustín sólo admite la existencia de los tres tiempos como un proceso mental que cumple tres funciones: relacionar el pasado con la memoria, el presente con la percepción directa y el futuro con la expectativa. Esta concepción de tiempo es la que se va a tratar durante el artículo dado que otorga la posibilidad de construir memoria y olvido.


 Noción de memoria

Para desarrollar el concepto de memoria se aborda como referente a Paul Ricoeur, quien en su libro La memoria, la historia, el olvido plantea el abordaje de la memoria como único medio para relacionarse con el pasado, permitiendo que los individuos establezcan relaciones entre el presente de cosas presentes y el presente de cosas pasadas. En este sentido, la rememoración es introducida como un proceso mental en el que imaginación y memoria se diferencian a la vez que se ponen en tensión, con lo que se corre el riesgo de que los recuerdos se confundan con la imaginación.

Por el contrario, la memoria remite hacia la realidad anterior dado que la anterioridad constituye la manera temporal por excelencia de la ‘cosa recordada’, de lo ‘recordado’ en cuanto tal’ (Ricoeur, 2000: 22). Sólo rememoramos cuando al hacerlo traemos imágenes que generan recuerdos. Para crear historia el único referente es la memoria, aunque ésta se exponga al olvido.


 Noción de olvido

Por su parte la relación memoria-olvido es indispensable y recurrente en la vida humana, a pesar de que se ha considerado el olvido como una amenaza para la memoria y la historia. El individuo constantemente rememora hechos que su mente ha seleccionado, pone en uso la memoria selectiva que consiste en recordar lo que le interesa al individuo. La “huella”, como denomina Ricoeur a las marcas psicológicas que activan la memoria selectiva, es una de las perspectivas desde donde se interpreta el olvido. Para recordar, según Ricoeur, existen tres tipos de huellas: la huella escrita, la huella documental/ psíquica, y la huella cerebral/cortical. El olvido se genera en las huellas psíquicas y corticales, ya que estas nociones en el pensamiento del individuo son las más susceptibles de verse afectadas por motivos externos que pueden eliminar por completo la huella o guardarla (Ricoeur, 2000: 534).

Así, pues, Ricoeur expone dos tipos de olvido que afectan las huellas: el olvido profundo, dado por la supresión de huellas, y el olvido de reserva que difiere del anterior porque “es a este tesoro de olvido a donde recurro cuando me viene el placer de acordarme de lo que una vez vi, oí, sentí, aprendí, conseguí” (Ricoeur, 2000: 535). Es decir, es un olvido-rememoración consciente, por decisión del individuo, un olvido reversible, “incluso hacia la idea de inolvidable es el olvido de reserva” (Ricoeur, 2000: 535). 



Memoria individual, memoria colectiva y memoria histórica
Darío Betancourt Echeverry


La memoria individual existe, pero ella se enraíza dentro de los marcos de la simultaneidad y la contingencia. La rememoración personal se sitúa en un cruce de relaciones de solidaridades múltiples en las que estamos conectados.
Nada se escapa a la trama sincrónica de la existencia social actual, y es de la combinación de estos diversos elementos que puede emerger lo que llamaremos recuerdos, que uno traduce en lenguaje.
La conciencia no es jamás cerrada sobre ella misma, no es solitaria. Nosotros estamos en direcciones múltiples, como si los recuerdos se situaran en un punto de señal o de mira, que nos permite ubicarnos en medio de la variación continua de los marcos sociales y de la experiencia colectiva histórica. Es lo que tal vez explica por qué en los periodos de calma o de fijación momentánea de las estructuras sociales, los recuerdos colectivos son menos importantes que dentro de los periodos de tensión o de crisis. El recuerdo se sitúa así como la frontera, como el límite, en la intersección
de varias corrientes del pensamiento colectivo, hasta el punto que nos resistimos a remover (traer) los recuerdos, los eventos que nos conciernen sólo a nosotros.
La obra de Halbwachs (1968) nos ayuda a situar los hechos personales de la memoria, la sucesión de eventos individuales, los que resultan de las relaciones que nosotros establecemos con los grupos en que nos movemos y las relaciones que se establecen entre dichos grupos, estableciéndose así una
distinción:
• Memoria histórica: supone la reconstrucción de los datos proporcionados por el presente de la vida social y proyectada sobre el pasado reinventado.
• Memoria colectiva: es la que recompone mágicamente el pasado, y cuyos recuerdos se remiten a la experiencia que una comunidad o un grupo pueden legar a un individuo o grupos de individuos.
Dentro de estas dos direcciones de la conciencia colectiva e individual se desarrolla otra forma de memoria:
• Memoria individual: en tanto que ésta se opone (enfrenta) a la memoria colectiva, es una condición necesaria y suficiente para llamar al reconocimiento de los recuerdos. Nuestra memoria se ayuda de otras, pero no es suficiente que ellas nos aporten testimonios.

 

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